Escaños reservados para los Pueblos Originarios: hay que dejar de buscar excusas

Para nada es curioso que hoy los escaños reservados para pueblos originarios dentro del proceso constituyente sean un problema para la actual clase política centralizada. Y es que desde sus inicios el Estado los ha marginado de toda determinación, perdiendo con ello siempre la oportunidad de construir un mejor país, más sincero con la plurinacionalidad de su identidad. Siempre hay una excusa.

La lógica sigue siendo la misma de todo proceso colonial: terminar o minimizar lo anterior e imponer y mantener a toda costa lo “nuevo”, usando eufemismos como “desarrollo” o “progreso”, aún cuando eso sea sólo para una élite. Y eso no importando que el “como” sea violento, incluso sangriento.

Pese a ello, hemos sido testigos de cómo los pueblos preexistentes al Estado se han sobre puesto a dicha marginación. Y ello ha sido a través de la autoconvocatoria, tal como ha sido su costumbre, reivindicando el “trawün”, como instancia no sólo de participación, sino también de resolución.

Lo han hecho porque la marginación de la que han sido víctimas los ha conducido a la pobreza, la negación e invisibilización y el extractivismo, entre otros flagelos sociales. Gracias al poder de su autoconvocatoria y movilización han podido recuperar algunos derechos sociales, aún cuando estamos lejos de poder responder a la deuda existente con la comunidades originarias.

En la región de Los Lagos la presencia mapuche huilliche es inmensa. No sólo en lo estadístico, sino en lo cotidiano, en sus marchas y manifestaciones, en la costumbre y la cultura, en la comida, en la feria, en el puerto, en la música, en la relación con las personas. Convivimos diariamente con ella.

Sin embargo, las comunas con mayor presencia de comunidades siguen siendo de las más pobres y postergadas del país; ejemplo de ello es San Juan de la Costa, comuna que superar el 32 por ciento de pobreza, según la encuesta Casen del año 2017. Es la novena más carenciada.

De hecho, el mismo estudio da cuenta que de las diez comunas más pobres de Chile, 9 se encuentran entre las regiones del Bio Bio y Los Lagos, que concentran el mayor porcentaje de población indígena. Eso para nada es antojadizo y responde a la visión que se ha depositado sobre tal territorio: uno para explotar y extraer materias primas, pero no generar desarrollo humano, sólo económico, menos aún reconocer a las personas que desde siempre han vivido allí.

Pese a tal realidad, en el caso de San Juan de la Costa, la participación electoral en el pasado plebiscito del 25 de octubre fue de un 80 por ciento para el Apruebo al cambio constitucional. Y no es de extrañar, pues la comunidades indígenas, tal como en todas las comunas de la región, tienen una constante participación a nivel organizacional y política, habiendo conseguido espacios de diálogo formales con el Gobierno y el Estado, logrando escaños en los concejos municipales e incluso representación parlamentaria, con la compañera Emilia Nuyado y otros en el todo el país. Pese a ello, nada ha sido por beneplácito, siempre han debido movilizarse para lograrlo.

En la región, el pueblo mapuche huilliche viene desde hace años siendo parte importante de la vanguardia en la lucha por los derechos sociales, en el desarrollo rural, en la participación de la mujer en la dirigencia, en la visibilización de las problemáticas ambientales y los efectos del extractivismo; en sí, desde hace años denuncian y anuncian problemas que no sólo los afectan a ellos, sino a otros grupos identitarios, que después se asumen con políticas públicas o leyes, muchas veces a destiempo.

De ahí a que incorporarlos en el Parlamento no debe ser visto sólo como un simple saludo a los pueblos originarios o como una suerte de disculpa dada a regañadientes.

Debe ser más que eso, mucho más. Debe ser con el sentido de justicia que entrega el deseo de construir un país plurinacional y no sólo en lo cultural, sino también en lo político y en su visión de desarrollo futuro.

Hace rato que Chile cambió y los pueblos originarios han sido instigadores de ello. No nos volvamos a equivocar marginándolos del cambio constitucional a través del tecnicismo electoral.

¡Escaños reservados, ahora ya, para los pueblos originarios!

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