De Pisagüa a Pilmaiquén

Por Francisco Reyes Castro

Junto a los consejeros socialistas de la región incorporamos a la ruta del encuentro que desarrollamos en Iquique, un momento de reflexión en el campamento y campo de prisioneros políticos de Pisagüa. No podía ser de otra forma. 

Más de dos horas de recorrido por la pampa del Tamarugal guiados en su vehículo por un dirigente local del PS permitió alcanzar un anhelo colectivo. 

Fue sobrerecogedor  y tremendo. Mientras el ex puerto salitrero de Pisagüa está en la historia mundial como una cárcel natural, cercada por mar y pampa, ocupada en varios periodos de intolerancia, dictadura y xenofobia,  la ausencia de iniciativas de rescate y memoria tienen al lugar olvidado, abandonado, con ausencia de memoria colectiva. 

Hay proyectos del Gobierno Regional de Tarapacá para el rescate de un centenario teatro -que fue celda temporal-con financiamiento aprobado, pero su ejecución duerme como muchas demandas históricas. También hay una cárcel en pleno poblado de unos 200 habitantes, que luego de su cierre fue convertido en hotel y de allí pasó al abandono y a la compra y venta por parte de privados. 

Cuesta arriba y cerro abajo, en junio de 1990 encontraron en una fosa inhumana osamentas de 22 personas, en su mayoría militantes socialistas y comunistas, torturados y fusilados, lo que abrió el imperfecto proceso de informes de verdad y reparación pendiente hasta hoy.

El dirigente local que nos trajo es Juan Carlos Zavala, gestor cultural, socialista, sociólogo, de 40 años, pero con energía de un veinteañero e historias de un hombre de 70. Lo único que hay en Pisagüa es un acto conmemorativo del PS en junio de cada año que él organiza junto a un grupo pequeño de compañeros, y un acto anual en octubre a cargo del PC, recordando a sus caídos. 

Aquí no sólo hubo prisión política desde 1973 sino también en el gobierno de González Videla (1940) con su “Ley Maldita” que persiguió a los compañeros comunistas y de la que tuvo que ocultarse hasta nuestro poeta Pablo Neruda. Claramente y en paradoja, en Pisagüa existe una deuda en reconocimiento y puesta en valor.

¿Por qué les escribo esto tan largo? Porque veo que algunos de nuestros integrantes de la Corporación Rahue trabajan con energía y convicción en el propósito de la Corporación Pilmaiquén y creo que en ello, en el sitio de memoria que se busca construir a un costado del puente del mismo nombre, los hemos dejado un poco solos. 

Pasa en muchas ciudades de la Región que en materia de derechos humanos la historia respira o suspira desde las agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos, torturados y quienes fueron privados de su derecho esencial, la libertad.

La memoria no es patrimonio de nadie en particular, es derecho y deber, y sólo vive cuando más que enunciados se transforma en conciencia y razón. El sentido siempre está.

Mi permanencia en Pisagüa me llamó a armar este mensaje. Los temas importantes no son sólo de una organización sino de las personas y las comunidades, y desde la organización tenemos el deber de abordarlos. Por ello, un abrazo a los compañeros René Catalán del PS y Eladio Henríquez del PC , así como a tantos otros y otras a lo largo del territorio. Su trabajo por la memoria será desde hoy también mi deber; espero el nuestro. Más temprano que tarde.

 

Be the first to comment on "De Pisagüa a Pilmaiquén"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*